Gang bang, estrenada la semana pasada en el TNC, es una de las tres obras que presenta el programa de jóvenes autores del TNC. Su temática creó polémica incluso antes de su estreno. La historia transcurre en un local gay de Barcelona,  que curiosamente experimenta un incremento del número de clientes durante la vigilia de la visita del Papa a la ciudad, supuestamente gracias a los “peregrinos”. La organización conservadora católica E-Cristians no tardó en mostrar su desacuerdo y rechazo, llegando a amenazar con tomar medidas legales para evitar su estreno, calificándola de “ofensa grave y oportunista a los católicos”. Era de esperar.

Lo que quizás no se esperaba era lo que pasó en realidad; sobran las palabras. Aquí lo dejo. Que cada cuál saque sus propias conclusiones.

Queda menos de un mes para que el musical Hair se despida de Barcelona. Sin embargo, en estos 110 días que han pasado en el Teatre Apolo, han ocurrido cosas que jamás habrían sospechado. Y es que, ¿quién puede esperar que un musical con una temática basada en el movimiento Hippie, la Paz, el Amor y, evidentemente, el consumo de drogas, reciba una denuncia por violación de la ley Antitabaco? Parece un chiste. Afortunadamente, todo quedó en anécdota, y tenemos la oportunidad de descubrir como se vivieron estos momentos de desconcierto e intriga dentro de la compañía. Hablamos con Christian Sánchez, uno de los actores, que entre casting y casting ha podido contestar a algunas preguntas. 

Después de que pusiesen la denuncia, ¿qué ambiente se respiraba dentro de la compañía? ¿Estabais preocupados por que pudiesen cancelar la obra?

Los primeros días si que hubo mucha preocupación, parecía que esto podía convertirse en algo grave.  No sabíamos lo que podía pasar. Pero después, la polémica generó debates, aparecimos en los medios, en televisión… Y nos hizo una gran promoción.

¿Sabéis quién puso la denuncia?

Realmente no, pero según los rumores que corren, parece ser que fue alguien del público.

¿En algún momento el director se planteó el hecho de “dejar de fumar” en la obra?

No, nunca. En primer lugar, cuando todo empezó, se explicó que lo que se fumaba no era tabaco, y que por lo tanto no podía considerarse nocivo, y tampoco implicaba una violación de la Ley Antitabaco. Además, se supone que los hippies fumaban marihuana, y si en una obra con esta temática suprimes este elemento, pierde parte de su sentido

¿Qué es lo que fumáis realmente?

Hierbas. Se llama tabaco de pastor, es una mezcla de hierba Maria Luisa, hojas de nogal y albahaca. No contiene nicotina y no es nocivo para la salud.

Finalmente, Salut Pública os dio la razón porque “no supone un incumplimiento de la ley”. Pero, ¿cómo crees que habría afectado a vuestro trabajo si la denuncia hubiese seguido su curso?

Yo creo que no hay opción. Es decir, si se suprimen ciertos actos en un musical sobre drogas, rock & roll y los años sesenta, como es el hecho de fumar, te cargas la temática. La única opción habría sido cambiar el tipo de droga en las escenas, aunque probablemente también habríamos tenido quejas en ese aspecto… Pero evidentemente no vamos a fumar cigarrillos eléctricos de farmacia… Si no, se tendría que haber suprimido el musical.

Por último, desde tu punto de vista, ¿qué opinas de todo este asunto?

Creo que la gente está muy amargada. Sabiendo el título del musical, que es bastante conocido, o habiéndose informado un poco sobre de qué va la obra, porque no vas a ver algo sin tener ni idea, ya sabes de que se trata y sabes con qué te vas a encontrar. Una persona que va a ver un musical y la primera reacción que tiene al salir del teatro es la de ir a poner una denuncia, es una persona que no tiene vida y que por lo tanto tiene que meterse en la de los demás. Sin embargo, al final me alegro de que haya pasado todo esto, porque la publicidad gratuita que nos ha dado esta polémica ha sido increíble.

Atrapados en Persépolis

Posted: 04/11/2011 in Libros
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Puede que este post se desvíe un poco de la idea principal, ya que no estamos tratando un caso de censura literaria… Sin embargo, este es uno de los temas más importantes que se relatan en Persépolis. Y es que la novela gráfica de Marjane Satrapi es un mini tesoro en cualquier biblioteca.

Fue publicada originalmente en Francia por la editorial independiente L’Association. Consta de cuatro entregas, aparecidas en su país de origen entre noviembre de 2000 y septiembre de 2003. L’Association editó, una vez finalizada, un volumen integral recopilando la obra completa. En España ha sido publicada por Norma Editorial, en castellano y catalán.

Persépolis narra la historia de la propia autora, nacida en Teherán (Irán) en los años setenta, momento que coincide con la caída del régimen del Sha de Persia y el inicio de la Revolución Islámica. Marjane vio de repente su infancia truncada por la imposición de nuevas normas y leyes represivas, especialmente para las mujeres. Lo que había sido hasta el momento una sociedad relativamente permisiva y abierta pasó a ser una sociedad retrograda y machista, en la que niños y niñas no podían compartir aula y en la que ellas se veían obligadas a cubrirse para no ser tachadas de provocadoras. Sus padres decidieron entonces enviarla al extranjero para que pudiese disfrutar de la libertad que merecía cualquier chica de su edad.

Este cómic es un testimonio sincero de parte de la historia de Irán, pero también de lo que viven cada día muchas mujeres en todo el mundo.

¿Por qué he decidido hablar de Persépolis? Porque la propia historia habla de la censura artística. Y es que, de forma cómica, Marjane Satrapi nos cuenta las peripecias que tuvo que hacer durante el régimen para conseguir cintas, pósters, chapas y demás, de sus músicos favoritos. Realmente, la oferta cultural se había convertido en un mercado negro que debía ser ocultado, ya que el simple hecho de tener una estética “occidental” podía ser motivo de arresto.

Realmente,  Persépolis es uno de esos cómics, al igual que Maus de Art Spiegelman, que todo el mundo debería leer. Más allá del simple hecho de que te gusten o no los cómics, el valor histórico que comportan es incalculable. Además, no te encuentras únicamente frente a un texto, una autobiografía a la vieja usanza: ves a través de los ojos del autor, vives las situaciones a través de los personajes, e incluso puedes sentir lo que sienten, el temor, la rabia, el ahogo… Y la resignación.

Ya empieza a cansar todo el revuelo provocado por la proyección de la película A Serbian Film en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2010. Y es que claro, ¿cómo se ha permitido la proyección de semejante aberración? Es más, todos los que tuvimos la oportunidad de ver la película de Srdjan Spasojevic somos unos enfermos y unos pervertidos que no tienen vergüenza. Y por supuesto, el director de nuestro festival, Ángel Sala, es el líder de nuestro Club de Delincuentes. Y por lo tanto, debe pagar por ello.

Para los que no estén al corriente, después de que la película se proyectase en Sitges, fue prohibida en el resto de festivales del país. Y es que cuando la religión toma la palabra, aquí no protesta ni Dios. La demanda inicial fue interpuesta por la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA), que alegaba actuar en defensa de los menores, ya que en A Serbian Film aparecen niños mezclados en escenas de sexo  y violencia. Queridos padres comprometidos y preocupados, ¿acaso no sabéis lo que es la ficción cinematográfica?

Debo decir que el hecho de que finalmente estas personas se saliesen con la suya me parece un acto de total intolerancia y de violación de la libertad de expresión como de la libertad de los espectadores a decidir sobre lo que quieren o no quieren ver. Porque si tu no quieres ver una película, no va a venir el señor director a obligarte a punta de pistola.

Pero la cosa no se acaba aquí. Después de la proyección en el Festival de Sitges, un quinteto de tertulianos muy abiertos de mente decide iniciar un debate sobre la polémica película. Lo más divertido de este asunto es que ninguno de los participantes la ha visto, y basan sus impresiones únicamente en un artículo de El Mundo (esto es gente con criterio y lo demás son tonterías). Entonces es cuando entra en escena Ángel Sala vía telefónica para defenderse, defender sus ideas y defender a su público. Y aquí empezaron sus problemas.

A principios de marzo de este año, es decir, seis meses después de que se armase todo el revuelo, Ángel Sala ha sido imputado por el juzgado de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) por haber permitido la exhibición de la película. ¿Por qué ha ocurrido esto únicamente en nuestro país cuando A Serbian Film ha sido proyectada en decenas de festivales en toda Europa sin tener consecuencia alguna? Tal vez no estemos preparados para esto. Tal vez, en lugar de evolucionar, nos estamos volviendo cada vez más conservadores. En fin, sea cual sea la razón, como espectadora de la película (y por lo tanto una persona indecente y con una total falta de ética), denuncio el juicio, en sentido literal y figurado, que se está haciendo en contra de Ángel Sala.

Queridos amigos, los que como yo estéis indignados por que los demás se permitan elegir por vosotros y además os juzguen por hacer lo que os plazca, PROTESTAD.

En la película de Steven Spielberg “E.T.”, ¿Por qué el extraterrestre es marrón? Por ninguna razón.

En “Love Story”, ¿por qué los dos protagonistas se enamoran perdidamente? Ninguna razón.

En “JFK” de Oliver Stone, ¿Por qué el Presidente es asesinado de repente por un desconocido? Ninguna razón.

En la excelente “Matanza de Texas” de Tobe Hooper, ¿Por qué nunca vemos a los personajes ir al baño, ni lavarse las manos como la gente hace en la vida real? Por ninguna razón en absoluto.

Peor, en “El Pianista” de Polanski, ¿Cómo es que este tipo tiene que esconderse y vivir como un vagabundo cuando toca tan bien el piano? Una vez más, la respuesta es “por ninguna razón”.

Podría seguir durante horas con más ejemplos. La lista no tiene fin. Probablemente nunca lo habían pensado, pero todas las grandes películas, sin excepción, contienen un importante elemento de “ninguna razón”. ¿Y saben por qué? Porque la vida misma está llena de “ninguna razón”.”

(RUBBER, a film by Quentin Dupieux, 2010)

Vayamos al grano. Vivimos en un mundo con millones de maravillas que compartimos con millones de personas. Personas distintas, con ideas distintas, gustos distintos, culturas distintas… En fin, cada persona es un mundo. Si hasta ahora hemos conseguido sobrevivir todas estas personas distintas en un mismo mundo, es porque, en cierto modo, hemos respetado los derechos “esenciales” de todo el mundo. Pero, ¿qué pasa cuando, “por ninguna razón”, alguien decide que lo que otras personas hacen o piensan no es lo correcto? Que las personas se enfadan.

¿Quién es la persona que juzga lo que es correcto y lo que no lo es? ¿Quién se toma la libertad de dictar lo que es bueno, ético, moral? ¿Quién se atreve a prohibir que las personas puedan expresarse o, mejor aún, quien decide, “por ninguna razón”, que los demás podamos admirar las creaciones de otros?

Queridos amigos, esto es una denuncia. Porque nadie puede censurar nuestros gustos. Porque nadie puede prohibir el arte.